Presidente de la CUT habla sobre incompatibilidad del dirigente sindical para ser diputado.

Arturo Martínez, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores.
¿Por qué los empresarios no tienen incompatiblidad?
Sostiene que hay que terminar con las exclusiones. Por eso el movimiento social tiene que buscar un espacio para conseguir una nueva Constitución. “No hay que seguir parchándola, hay que hacer una nueva. Para eso hay que llegar al Congreso”, afirma.
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Es probable que sea candidato a diputado por el Partido Socialista y está dispuesto a renunciar formalmente a su cargo de presidente de la CUT, pero seguirá participando en la dirección de la multisindical. “Si llego al Parlamento será para representar a los trabajadores”, afirma.
¿Por qué es tan importante para ustedes llegar a ocupar una silla en el Parlamento?
A nosotros no nos cuesta nada renunciar a nuestros cargos y ser candidatos. Incluso en la CUT acordamos que quien sea candidato o elegido mantiene su puesto en el consejo, aunque tenga que renunciar legalmente; eso lo tenemos resuelto. Pero es más importante terminar con las exclusiones, porque al Congreso han llegado empresarios como Fra Fra Errázuriz, Sebastián Piñera o Beltrán Urenda, ¿por qué ellos no tienen incompatibilidad y sí nosotros? Es una cuestión de principios: hay que terminar con las exclusiones que establece la Constitución. El movimiento social tiene que buscar un espacio para conseguir una nueva Constitución, no hay que seguir parchándola, hay que hacer una nueva. Para eso hay que llegar al Congreso.
¿Cómo se siente como vicepresidente del Partido Socialista?
Llegué por casualidad a la vicepresidencia y me siento incómodo, pese a que en el PS se ha puesto el tema laboral y social. Yo demandé al PS que apurara la reforma para terminar con esa parte de la exclusión que deja fuera del Parlamento a los dirigentes sindicales y sociales, no porque creyera que la derecha daría sus votos, sino para que quedara claro que están coludidos con la exclusión, pero el PS no quería porque buscaba un acuerdo. Es cierto que en el PS hay más sensibilidad, pero no me paso películas. El PS está lleno de buenos profesionales y técnicos, pero que ven todo desde ahí. Hace falta debate con el mundo social y es eso lo que trato de hacer. Pero éste no es mi mundo y no estoy muy entusiasmado con seguir.
En estos días, Martínez está de cabeza organizando para el próximo 16 de abril una movilización nacional. Dice que es inevitable que se manifieste el malestar con el ambiente que han creado “los sinvergüenzas” al incrementar los despidos o las rebajas de salarios. Que no se trata sólo de la crisis, sino del aprovechamiento que hacen de ella algunos grandes empresarios. Arturo Martínez está enojado.
A este trabajador gráfico con estudios de economía le indigna que la más alta acumulación de riqueza de los últimos años no se haya repartido. Ganaron, dice, los mismos de siempre, y el resto quedó debajo de la mesa. Ahora estos últimos, además, deben pagar los costos de una crisis de la que no son responsables. A Martínez no le asustan las movilizaciones: estuvo a la cabeza de ellas muchas veces durante la dictadura militar, cuando participó de los primeros esfuerzos de reorganización del mundo sindical, que le costaron cárcel, relegaciones y palos.
¿Para qué es la movilización del 16 de abril?
Hemos definido cuatro objetivos. Primero, hay que pararles los carros a los sinvergüenzas que han despedido a destajo con el argumento de las necesidades de la empresa, que han rebajado salarios y amenazan a la gente. También para que alguien responda por la pérdida de las pensiones y demandar al Gobierno un proyecto para crear un sistema público de seguridad social que compita con las AFP, para que la gente elija. Además queremos pedirles a los candidatos presidenciales y a parlamentarios que se comprometan a impulsar una nueva Constitución y no seguir parchando la que tenemos. Por último también queremos rapidez en los proyectos laborales, queremos un defensor laboral. Un delincuente tiene justicia gratis, el Estado le pone un abogado defensor; el trabajador tiene que pagar el 30% de su salario para contratar un abogado que lo defienda en los tribunales laborales. Hay una injusticia y queremos terminar con los abusos. Vamos a salir a la calle en todas las ciudades. Que toda la gente que está enojada por estos problemas, venga.
¿Cómo están viviendo los trabajadores la crisis?
Preocupados por el clima de despidos. Todo indica que las cosas vienen malas y los trabajadores ven esto como una amenaza, porque conocen a sus patrones. Los empleadores aprovechan este clima para rebajar sueldos, para quitar remuneraciones o para despedir. Los despidos masivos ya están incorporados. Esta crisis es vista como una amenaza, hay preocupación y susto. Pero los despidos no obedecen todos a la crisis.
Aparentemente se están adelantando, son despidos “desacoplados” de los ritmos reales de como la crisis se ha hecho sentir.
Ellos despidieron antes de que empezara la crisis, para ajustar sus planillas y prepararse para cuando tengan que enfrentar problemas. Pero también hay despidos por la formación de sindicatos, que nada tienen que ver con la crisis. Este momento para los trabajadores es muy complejo, porque están asustados ante la posibilidad de perder sus empleos, sobre todo porque la mayoría tiene deudas de hasta seis veces lo que ganan. Un trabajador que pierde su empleo no sólo deja de percibir ingresos, sino también deja de pagar. Y cuando deja de pagar las casas comerciales le caen encima. Y ese es el mayor temor, a que le rematen sus cosas, a que pierdan sus bienes.
La teoría económica dice que si los consumidores dejan de consumir y los deudores de pagar, la economía comienza a detenerse, ¿eso no lo entienden los empresarios?
Eso sucede con las grandes tiendas, que temen la cesación de pagos; por eso también comienzan a despedir. El problema es que la economía actúa sin coordinación, cada empresa adopta sus medidas sin mirar al mercado y hace lo que le conviene. El mercado es una suma de individualidades que busca todo lo que pueda ganar. A los empresarios no les importa la economía, aquí es sálvese quien pueda y que gane el que más especula, porque en tiempos de crisis aparecen los especuladores y los usureros.
¿Cómo funciona eso?
La gente que está desempleada o en Dicom recurre a los mercados informales para conseguir dinero. Pero también sucede con las grandes cadenas que se organizan para especular, como las farmacias o las isapres. Estas últimas, como saben que las investigarán, anunciaron una rebaja en los planes y se están blanqueando. El problema es que estamos llenos de monopolios, no sólo las cadenas de farmacias, también está concentrado el negocio de los supermercados. En el retail son cuatro o cinco grupos, en las AFP hay seis empresas, todas relacionadas entre sí, además de los negocios de los bancos. Todos estos monopolios son especuladores y se las arreglan para ganar también con la crisis. Seguramente ganarán menos, pero los que pagan los costos son los trabajadores y la gente más humilde, que no tiene cómo hacer frente a esto. El Estado, en vez de ir sólo en apoyo a las empresas, tiene que ir en ayuda de la gente.
El Gobierno ha destinado cuatro mil millones de pesos para hacer frente a los problemas y entregó un bono hace poco, ¿le parece insuficiente?
Eso está bien, pero hay hacer otro esfuerzo. El bono de 40 mil pesos, comparado con los subsidios y aportes a la industria salmonera, a las forestales y otras empresas, no es suficiente. Esperamos que los recursos canalizados a través del Fondo de Garantía para la Pequeña Empresa (Fogape) lleguen efectivamente a la pequeña y mediana empresa, son justo las que más lo necesitan para poder pagar y seguir funcionando. Las que están peor son las que menos tienen acceso a estas ayudas. Hay que eliminar las trabas para que puedan ocupar esas platas. El Gobierno lo he hecho bien, pero tengo la duda sobre si hay que seguir ayudando a las empresas o hay que priorizar por las personas.
La Presidenta Bachelet ha dicho que primero están las personas, ¿cree que eso todavía no se materializa?
Es que las personas que pierden el empleo a los dos meses comienzan a cambiar a sus hijos de colegio, cambian sus hábitos alimentarios y baja todo su nivel de vida. Muchos caen con rapidez bajo la línea de la pobreza. Y los más afectados son los sectores medios, aquellos que se las han arreglado para educar a sus hijos, tener mejor salud y un mejor pasar. Esos sectores no están acostumbrados a estar sin empleo por cuatro o seis meses, sufren mucho. No es suficiente con apoyar a los más pobres, también hay que darles una mano a los sectores medios que están sin trabajo. Falta una política focalizada. Las políticas sociales del Gobierno apuntan a reducir la pobreza y abrir mercados a las pequeñas y medianas empresas, pero no ha habido una política para los sectores medios, que son los que construyen el país y los que con mayor dureza pagan la crisis.
¿Y qué estado de ánimo percibe en estos sectores?
La gente está enojada y no es por la crisis. Lo que pasa es que cuando el país andaba bien, el cobre dejaba excedentes y las grandes mineras ganaron más que el Estado, cuando a las salmoneras, las forestales, el retail, los supermercados, los bancos y a todas las grandes empresas chilenas o transnacionales les fue muy bien, no se repartió nada. Entonces ahora, que las cosas andan mal, los que pagan los costos son los que quedaron debajo de la mesa. Por eso la gente está enojada, sabe de la crisis y sus efectos, pero es por la injusticia de que cuando las cosas andan bien son pocos los que ganan, son los mismos de siempre.
Chile hasta hace un año vivió el período de mayor abundancia de toda su historia y no hubo chorreo. ¿Se trata de un problema estructural?
Claro, este modelo carece de mecanismos de distribución de la riqueza. En el mundo laboral cotidianamente se expresan prácticas antisindicales cuando la gente quiere organizarse. La gente sola no puede enfrentar los problemas. Un mecanismo para distribuir la riqueza es la negociación colectiva, y Chile es el país que tiene menos negociación colectiva. Hay una fuerte asimetría que impide negociar en igualdad. Todo eso hace que no existan mecanismos de distribución, y permite que las grandes empresas se enriquezcan ilícitamente, explotando a los trabajadores. En Chile la seguridad social es costo de los trabajadores, que pagan más de un cuarto de su salario para esto. Y es una seguridad social que no asegura nada. Chile tuvo bonanza económica y no resolvió la desigualdad social. Sólo ganaron los grupos económicos que concentraron la riqueza. Con la crisis, estos tipos tomarán sus capitales y se irán a otro lado, mientras los costos los pagan los que se quedaron siempre debajo de la mesa. Después de la crisis esto no puede seguir.
¿Eso le parece viable, considerando que no se percibe un debate en esa dirección, en el sentido de imaginar un país poscrisis?
Tenemos un problema. Escucho a muchos trabajadores reclamar porque no tienen negociación colectiva o porque no les dejan formar sindicatos, pero a la hora de votar lo hacen por la derecha, la misma que no ha aportado ni un voto para cambiar las cosas, como las leyes laborales. Es muy complejo: reclamo por mis derechos, pero voto por quien me niega mis derechos en el Parlamento.
¿Cómo se explica eso?
Es que la política decayó, la gente no sabe de política y mucha gente pobre vota por la derecha porque le dan un paquete de mercadería, porque llega un “rucio” bien fachado y le vende la pomada. Chile todavía está pagando los costos de 17 años de oscuridad y de un modelo económico que se sostiene en la ignorancia de la gente; la ignorancia permite la explotación. Nuestra sociedad ha retrocedido, no debate sobre proyectos políticos. Antes los partidos educaban a la gente, la organizaban, eran colectivos. Todo eso se perdió. Ahora los partidos incluido el Socialista son personas individuales que sólo buscan el poder. Por ese camino vamos derecho al populismo y a la confrontación social y política. //LND
Fuente: Lanacion.cl, 12 de Abril de 2009.
Foto: http://www.constramet.cl






















